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ago 23

Tercera Batalla frente a Maturín, el 25 mayo 1813

          Después de dos combates en Maturín, Manuel Piar y su gente mantienen el control militar, esta resistencia de éxito de los patriotas independentistas, llega a oídos del Capitán General en Caracas, el español Domingo Monteverde, se entera de la ocupación de la plaza de Maturín por los revolucionarios venezolanos, y decide personalmente acabar con los patriotas acantonados, desembarcando el 3 de mayo en Barcelona con fuerza españolas y coreanas, cuyo número con reclutas orientales aumentó a 2.000 hombres, con la intención de reducir a los defensores de la Sultana del Guarapiche, quienes enarbolaban la causa de la libertad.

Domingo Monteverde al llegar a Barcelona publica la siguiente proclama, para amedrentar a los patriotas:

          Con la misma facilidad con que se disipa el humo al, impulso del viento, así desaparecerán los facciosos de Maturín, por el valor y la fortaleza de los soldados del Rey, que tengo el honor de conducir a la victoria 1

          Los patriotas acantonados en Maturín, al saber la llegada del Capitán General de Venezuela, se prepararon psicológicamente para enfrentar la verdadera fuente de los pueblos, su libertad, premiados con el triunfo de los principios genuinos y por consiguiente el derrocamiento de la tiranía. Viva para siempre la memoria de los héroes de nuestra independencia.

           Esta insistencia de Monteverde fue una alerta máxima para Manuel Piar, porque el que venía era el jefe supremo del gobierno español en Venezuela, y por supuesto manejaron intermitentes estrategias defensiva en pro de conservar la plaza de Maturín. Arman su táctica con su más cercanos oficiales entre ellos Francisco Azcúe, de profesión ingeniero, fortalecieron las trincheras, aumentan con la participación indígena de 500 a 700 soldados y establecieron espionajes en toda la geografía circunvecina. Piar Alertó a sus tropas y los animaba con la siguiente frase, al saber la proximidad de Monteverde un día antes del combate.

          Soldados, no desmintáis en esta solemne ocasión el heroísmo que otras veces hemos tenido; un esfuerzo más y habréis salvado a la patria de los verdugos. Pelead con furor y obtendréis la victoria.

          En el amanecer del 25 de mayo de 1.813, las tropas de Domingo Monteverde se encontraban en el sector La Cruz, y desfilaron hacia la planicie del Otero frente a Maturín,  y les envió a las 7 de la mañana con un oficial de alto grado, la siguiente comunicación:

Al Comandante o Comandantes en lo militar y político de Maturín.

          Son muy conocidas la humanidad de mis sentimientos y la moderación de la reconquista en todos los pueblos de Venezuela que no se han obstinado en volver de sus extravíos y reconocer a su legítimo soberano. Si la guarnición y jefes de ese pueblo desgraciado prosiguen en su obstinación y no se entregan en el espacio de dos horas para evitar toda efusión de sangre de los miembros de una misma familia y de una misma nación, serán abandonados por mí al furor irresistible de mis soldados que ansían por reivindicar el honor de las armas nacionales y por destruir a los enemigos de la paz, de la justicia y de la felicidad de estas poblaciones pacíficas. (Marcano, 1909, p. 21)

Campo frente de Maturín, 25 de mayo de 1813

(firma) Domingo Monteverde

          Manuel Piar y Francisco Azcúe, animaron el clamor de los patriotas venezolanos en defensa del espacio y el alma nacional, con claras estrategias para detener la caballería que lo superaban el doble; abrir camino de esperanza y heroísmo hacia un encuentro con la victoria. Respondieron las provocaciones de los subversivos realistas en los siguientes términos:

          Si hubo un tiempo en que las fementidas promesas fueron capaces de engañar a los americanos, y bajo de ellas experimentar la porción de males que sabe el mundo entero padecieron tantas honradas familias; rompiendo la venda que los cegaba, y disípese la negra nube que ocultaba un Jefe como vos, que con rostro sereno entregaba los inocentes pueblos al furor y a la saña de hombres bandidos e inmorales. Con este conocimiento, el pueblo de Maturín, sus virtuosos moradores y los jefes que los mandan, sólo se encuentran con las laudables intenciones de defender su libertad hasta perder la vida. (Marcano, 1909, p. 21).

          El Capitán General Domingo Monteverde, al leer la respuesta de los generales Piar y Azcúe, inicia la batalla a las ocho de la mañana, pero los compatriotas dirigidos por el General en Jefe Manuel Piar y Francisco Azcúe con apenas 700 compañeros, le propinaron completa derrota al representante español, quien se hizo acompañar de 2.000 hombres para tomar la plaza de Maturín. Después de cinco horas de combate, el Jefe español, huyó dejando en su lastre más de quinientos muertos, prisioneros, artillería, fusiles, pertrechos y equipajes del ejército.

          De cualquier punto de vista humano, El Comandante José Miguel Guanaguanay es el punto de lanza, coraje y fuerza patria, al ponérsele a la orden al General Manuel Piar, porque hay que tener convicciones serias de trasladarse de un lugar tan lejos a pelear a favor de la libertad y autodeterminación y por otro lado, a convencer a los suyos la necesidad de estar presente frente a un ejército, con más integrantes en sus fuerzas tanto de armas y artillería. Después de recorrer larga travesía desde el caserío Punceres hacia Maturín, pasar el río Guarapiche y otras vertientes naturales, para estar presente con su gente y enfrentar al Capitán General de Venezuela Domingo Monteverde. En la trifulca el héroe indígena murió con toda su tribu en esta tercera batalla gloriosa de la historia de Venezuela. A la una (1) de la tarde cinco horas después, culminan los enfrentamientos, según consta del oficio difundido por el propio Monteverde, escrito el 26 de mayo de 1813 en Barcelona.

          Francisco Javier Yánez, político venezolano que nació en 1776 y murió en 1846, presenta en su libro Historia de la provincia de Cumaná, el informe del ejército republicano cinco días después de la batalla:

“Cuartel de Maturín, 25 de mayo de 1813. 1º de nuestra Restauración. José Francisco Azcúe. Manuel Piar. Al Comandante de las tropas españolas.

“A las siete de la mañana del 25 del corriente. El jefe Monteverde mandó hacer alto, y remitió con un parlamentario la intimación de que se le rindiese la guarnición dentro de dos horas. Recibida la contestación se rompió el fuego a que se contestó por nuestra parte con tan buen acierto, que el primer cañonazo les quitó tres hombres, el segundo otros tres con un abanderado, y así sucesivamente en aumento hasta que a poco rato se vio obligado el jefe enemigo a prevenir la retirada. Aunque Monteverde en su marcha aseguraba el triunfo de la campaña, conoció el peligro de la retirada en un evento desgraciado; la previno a su tiempo creyendo que siempre sería tan fácil querer y mandar, como ejecutar con suceso; pero en este momento le hizo ver un capitán de las compañías de Santa Marta la dificultad de realizarlo sin perecer el ejército, y la necesidad de apurar el ataque hasta vencer. Así lo hizo el Conquistador, pero con tan mal éxito, que no sólo pereció el ejército, sino que también hubiera perecido él mismo a no ser por una casualidad, y las medidas anticipadas que el General tenía acordadas con respecto a su persona y agregados inmediatos” 3

          Pasada la una de la tarde, los nervios, el cansancio y la fatiga de los soldados se confundían con la alegría de haber triunfado al propio Capitán General de Venezuela; gritaban, comentaban entre ellos la estrategia desplegada, como también lamentaban la muertes de patriotas que lo dieron por el todo.

“En el campo de batalla quedaron muertos de los enemigos cuatrocientos setenta y nueve, veinte y siete oficiales de la plana mayor, con muchos heridos y prisioneros. Se tomaron tres cañones, de los cuales dos eran de a 8, y uno de a 4, un morterete con sus correspondientes granadas, un cajón de hachas incendiarias, una gran cantidad de pertrechos, fusilería, cajas, banderas, etc., seis mil pesos en plata, los cofres del General y algunos oficiales, y por decirlo de una vez un botín que valdrá sobre cuarenta mil pesos. La victoria fue tan completa que hasta la famosa música del batallón veterano de Caracas cayó en nuestro poder. Maturín, 30 de mayo de 1813” (Yánez, 1983, p. 87).

             Pasado los días se difundían cánticos, corridos y poemas entre la población alusivos al enfrentamiento bélico del Alto el Otero frente a Maturín, (hoy Alto de los Godos). Entre muchas canciones el Maestro Pedro Elías Marcano, recopiló esta copla que publicó en 1.909, en la imprenta de José E. Martínez de Cumaná, (P. 22).

I

Ya Monteverde pensaba

almorzar en Maturín,

y se le secó la rama

para sécula sin fin.

II

De la Hoz corrió volando

con su cobarde pandilla,

pues de nada le valieron

Zuazola y Bobadilla.

III

Los españoles llegaron

a rendir a los patriotas,

y de Maturín salieron

sufriendo grandes derrotas.

          Al pueblo de Maturín que resistió con valor en los predios del Alto del Otero (hoy Alto de los Godos), se le debe brindar fraternal ovación, en memoria de las cinco batallas registrada durante los años de 1.813 y 1.814. Su Excelencia el Libertador Simón Bolívar los bautizó como “Sepulcro de Tiranos”, el 29 de octubre del 1818; cuando estuvo en esta ciudad de Maturín, por tres días en la casa del General Andrés Rojas, sitio ubicado frente la plaza Bolívar, donde queda la tienda Tropical Sport.

          La Tercera Batalla frenta a Maturín, Honra la memoria de esta ciudad asentada en tierra revolucionaria e independentista, concertar encuentro de relevancia histórica en las páginas triunfantes de la Venezuela soberana, que sembró sus recuerdos en el predio maturinés, siendo un acontecimiento de acentuado impulso para la investigación nacional y local, donde ha sido notable el interés de cronistas e historiadores, en la articulación de los más diversos segmentos de la historia monaguense.

Fuente Bibliográfica

•Marcano, Pedro Elia. 1909. Defensa Patriotica de Maturin en 1813. Imprenta José Martínez. Cumaná estado Sucre. Folleto multigrafiado. (Pp. 19,21 y 22)

•Francisco Javier Yanes, 1810-1821 y José Mercedes Gómez 1821-1983. Historia de la Provincia de Cumaná. Biblioteca de Autores y Temas Sucrenses. 1983. (P. 86)

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