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Sep 21

La Cruz de la Paloma de Maturín en el siglo xx

La capital o sector principal de la mencionada Parroquia la denominan la Cruz de la Paloma. Allí en pleno gobierno de Juan Vicente Gómez, la vida pasible y cautelosa de una comunidad que se levantaba de los cimientos de un antiguo sitio cercano a Maturín. Suelo de venezolanos que sintieron el calor y el perfil adecuado para ubicarse con sus familias en aras de un mejor porvenir, conscientes, por supuesto, de las circunstancias propias de la vida rural de la Venezuela del siglo XX.

El  desplazamiento por la Cruz de la Paloma, de obligatoria circulación hacia la parte Oeste del estado Monagas, de transeúntes, bestias y posteriormente  vehículos automotor, evidencia  lo estratégico del lugar, si a eso le  incluimos su cercanía a Maturín, nos hace entender la necesidad de personas de asentarse en este espacio geográfico de superficie plana, y una vista panorámica al valle del Guarapiche ubicado al Norte, lleno de arbustos y sabanas, con tierras aptas para el desarrollo de la ganadería y agricultura,  que seguro estamos, fueron desarrollada por los primeros habitantes  asentados en el sector.

Para 1928 habían propiamente en el centro de La Cruz, lo que es hoy los alrededores de la plaza Bolívar menos de 15 casas de bahareque y techo de carata, propiedad de la siguientes familias: Anthony Villanueva y su esposa Iris Sánchez, Cornelia González, Patricio Olivero con Celestina González, Felipe Olivero y Galinda Caría, Celsa Cedeño con Eduardo Palacios, Lucía Villanueva, Juan Caría y su compañera María Hernández y Maximina Guerrero.

Estas pocas casas eran las que representaban el casco central de La Cruz de la Paloma, distribuidas equidistantes en la planicie de la sabana. A poco más allá habían otras residencias, con las mismas características de las antes mencionadas, que por cierto, según lo relata la Señora Ana Justina Sánchez, su papá Anthony Villanueva construyó en ese sector una Cruz que la rodeó con una cerca de madera, para mayor facilidad de sus devotos, quienes le cantaban todos los tres de mayo de cada año.

En este lugar los hogares eran dispersos a lo ancho de la sabana, abundaban las palomas caseras criadas en una vivienda del sector. Posteriormente esta Cruz, fue agarrando fama por sus milagros y pedimentos que le hacían sus devotos, que al final influyó este gesto del Sr. Anthony para que el sitio lo llamaran La Cruz del Calvario, el cual conserva el mismo nombre hasta los momentos.

A esta Cruz le hacían la fiesta del calvario, en presencia de sus pobladores, quienes le cantaban galerón el día tres de mayo, los participantes y público deleitaban el famoso caratillo con licor, que finalmente se embriagaban de la deliciosa bebida. Esto era una devoción espontánea de las personas hacia el símbolo religioso, que ha perdurado por más de cien años en la Parroquia Santa Cruz.

Cuentan algunos parroquianos, que se llevaron La Cruz del Calvario a otro sitio, porque pensaron que en ese lugar iba a tener una mayor vistosidad, situación que generó problemas de enfermedades a las personas que residían en el lugar, y situaciones maleficiosas que pusieron en jeque a los que se atrevieron hacer el mencionado traslado. Producto de estos inconvenientes espirituales en la comunidad, tuvieron que regresar la cruz a su sitio de origen.

LOS JAGÜEYES DE LA CRUZ DE LA PALOMA

Los Jagüeyes, Son reservorios que se conservan en el subsuelo, filtrándose a la superficie en forma natural, y por ende el hombre protege este recurso agua para su aprovechamiento. El sector La Cruz, por ser mesa bordeada de esplendoroso valle, la proliferación de los acuíferos de aguas subterráneas es producto de la espesa vegetación de arbustos altos y medianos, facilitando la habitabilidad familiar gracias a la madre naturaleza, en este sentido las personas acondicionaban pozas o zanjas listas para su uso, para aprovechar el consumo y servicio del vital líquido.

El sector la Cruz de la Paloma como núcleo social, sus pobladores buscaban agua en los jagüeyes con “tapara”, que era el envase de la época, venciendo las dificultades para conseguir el vital líquido, necesario para la subsistencia humana. Entre los mencionados jagüeyes tenemos:

  • El Camilero, denominado así, porque estaba ubicado en la hacienda de Camilo Regardiz.
  • El Gonzalero, ubicado en lo alto del caserío, donde vivía la familia González.
  • El Galindero, residencia de la señora Galinda.
  • El Guariotero, jagüey enclavado en el predio de la familia Guariota.
  • La quebrada o cañada El Mango, porque cerca de ella había un frondoso árbol en el fundo de la familia González, cuyo cauce era utilizado por la comunidad para lavar ropa y otras necesidades pertinentes al caso.

LA PRIMERA MAESTRA

Esta la regentaba la Profesora Luisa Antonia Ramírez en su propia casa, ubicada en la calle el “Pegoste” (peyorativo de pega, suelo pegajoso), hoy calle el Valle. Las clases las impartían a hembras y varones, siguiendo las normas clásicas de la época. Los alumnos tenían que cumplir a cabalidad las tareas encomendadas, de lo contrario se intentaba corregir la poca dedicación al estudio con palmetazos en las piernas y manos, por parte del docente instructor, quien previamente era autorizado por los padres o represente del estudiante.

La Maestra Luisa Antonia era muy apreciada en la comunidad de La Cruz de la Paloma, por dedicación y orientación a los alumnos, incluso, aquellos que tenían dificultad, los visitaba en su hogar, e informar a sus padres o representantes el rendimiento académico, como proceso de mejoramiento permanente en el estudiante, en mutuo acuerdo entre el maestro, padres o representantes. Este mecanismo de visita al hogar por parte del maestro era costumbre en la época a comienzos del siglo XX, cumpliéndose el axioma, relación escuela- comunidad.

No existía la cultura de las aulas compartidas en las prácticas académicas, hembras y varones. La maestra Luisa Antonia Ramírez, orientaba a las niñas y algunos adolescentes y jóvenes masculinos. De allí, que esta experiencia inusual era poco receptiva por padres y representantes, por esta razón el Ministerio de Educación envió un profesor para guiar la orientación de los varones, quienes se quejaban por falta de maestro.

EL MAESTRO DIEGO LLEGA A LA CRUZ

El sector de La Cruz de La Paloma, queda muy cerca de Maturín, capital del estado Monagas. Para la época que estamos hablando, las personas referían, la llega de una familia en el sector, encabezada por la señora Luisa Sosa de Sifontes y tres de sus hijos, Melesio, María Lourdes, y Diego, a escasos metros de la actual  Plaza Bolívar de la parroquia Santa Cruz.

Muy pronto se corrió la voz en el lugar de la Llegada de un maestro de Maturín, y vive por allá, por la calle principal, comentaban. Esta información fue totalmente cierta ya que, se trataba del docente Diego Sifontes Sosa, quien vino autorizado por el Ministerio de Educación a impartir clases a los alumnos del naciente caserío.

Este componente humano, conjuró nuevo despertar en el poblado que reclamaba con avidez la presencia de un profesional culto y preocupado, por echar adelante las nuevas promociones de estudiantes, donde ellos fuesen  protagonistas durante su tiempo escolar de progreso, desarrollo, capacidad intelectual, afectiva, social, éticas, y en consecuencia el resarcir del deseo de hacer alguien en la vida, más aún en las precarias condiciones sociales en que se encontraban las personas a comienzo del siglo XX.

Los alumnos que tenía la Profesora Luisa Antonia Ramírez, fueron divididos, ella se quedó con las hembras y Diego Sifontes Sosa con el grupo de varones; Lorenzo Sánchez, Alejandro Pereira, residenciados actualmente en La cruz, Fermín Cedeño, José Bermúdez, Alejandro Palacios, y Simón Vásquez, entre otros.

Los padres y representantes de los muchachos se avocaron a la casa del maestro, para obtener las informaciones del traslado de sus hijos a otro centro escolar. En tal sentido, la escuela empezó a funcionar en la misma casa donde vivía Diego Sifontes Sosa, calle principal del vecindario, a pocos metros de la actual plaza Bolívar.

La vivienda era de bahareque, techo de carata,  piso de tierra, el aula funcionaba en la sala principal del inmueble, las sillas para sentarse los alumnos las traían de sus casas. El Maestro Diego iba incorporando a los estudiantes según su instrucción, ejemplo impartía clases de 1° a 4°, llegando a alcanzar una matrícula de 30 educandos, y a todos le instruía  de acuerdo a su grado; geografía, matemática, historia, lengua, moral y cívica, etc.

Los estudiantes de 4° a 6°, presentaban los exámenes en Maturín, por disposición del Ministerio de Educación, quien asignaba profesores a nivel nacional para la realización de los exámenes finales, nos cuenta —Lorenzo Sánchez, alumno del Maestro Diego— que el día de la prueba, los nervios de los participantes estaban muy alterados y preocupados por aprobar  el grado inmediato superior.

El Maestro Diego Sifontes Sosa, después de tener 6 años aproximadamente trabajando en su casa como docente, se mudó al frente, donde vive actualmente (2004) la Señora Ana Justina Sánchez, con su mamá y su hermana María Lourdes, a otra casa más espaciosa, con la tristeza que su hermano Melesio de 18 años había muerto.

La escuela del caserío siguió andando bajo la tutela del maestro Diego, en la misma armonía tolerancia y dedicación, pero esta vez con mayor espacio y comunidad para los colegiales. La matrícula rebasaba los 30 alumnos varones, quienes recibían las herramientas escolares necesarias en la formación académica, guiada bajo la fundamental tarea educativa emprendida por Diego Sifontes Sosa, en su concepción de crear un hombre integral, crítico, con personalidad y aprendizaje reflexivo de la realidad regional o nacional.

Ubicándonos en la época activa del maestro Diego Sifontes Sosa, podemos percibir esa matriz de comprensión y andanza educativa que giraba en torno al hombre apacible y sencillo que cultivaba claras perspectivas de la vida decente, e incentivaba a los alumnos para que fueran modelos en el conocimiento del aprendizaje, que adquirían en dos turnos, de 8 – 11 AM y de 2 – 4 PM, de lunes a viernes.

Los comentarios positivos, sobre el Maestro Diego se fueron generalizándose en toda la comarca, su rigidez hacia los estudiantes, les fascinaban a los padres y representantes, porque decían que los muchachos tenían la obligación de estudiar para estar a la altura de los interrogatorios y exámenes que aplicaba el instructor que llegaba de Maturín.

Los alumnos tenían el mismo molde de letra que su maestro, cuestión que enorgullecía a sus padres, porque veían en esta situación el avance obtenido por sus hijos en la instrucción primaria, también adoraban a Diego por su rectitud y perseverancia con los alumnos ya que, tenían que estudiar y llevar la tarea asignada, exclamaban sus padres. El Maestro mandaba a buscar con el compañero de clases al que no asistía a la escuela a cumplir su responsabilidad académica, y así sucesivamente los estudiantes se veían en la obligación de no perder sus clases regulares.

LOS ALUMNOS HABLAN DE DON DIEGO

Se Logró constatar al Señor Lorenzo Sánchez, discípulo del Maestro Diego Sifontes Sosa, quien nos hizo las siguientes consideraciones.

— La escuela funcionó en varias partes de la calle principal, observa este hombre de más de 80 años de edad (2004), era de barro como todas las casas del caserío. Esta calle también era vía de acceso de Maturín hacia otros caseríos del Oeste del estado Monagas, usada por su planicie como corrida de toro, y cuando pasaban los pocos vehículos, los desviaban haciendo trocha por la propia sabana. (Trocha, marca de los cuchos al pasar por la hierba o maleza de la sabana). Según el diccionario: Vereda o camino angosto que sirve de atajo para ir a una parte. Camino abierto en la maleza.

Los estudiantes presentaban los trabajos académicos escritos y luego orales, en cuanto a las clases normales, prosigue Lorenzo Sánchez, el Maestro interrogaba al grupo seleccionado y el que respondía correctamente, le daba un palmetazo al que no contestaba el interrogatorio de Diego Sifontes Sosa.

En el caserío le decían “Maestro Diego”. Hombre ajustado y perseverante, el alumno que no estaba presente en el aula lo mandaba a buscar con su compañero de clases, refiere el Señor Lorenzo, en la mayoría de los casos, los encontraban jugando picha (metra) o a su efecto trompo.

El Maestro Diego era complaciente con las personas, e incluso visitaba los vecinos, charlaba al que encontrara en el recorrido, aprovechaba comunicar las dificultades a los padres o representantes del comportamiento de sus alumnos, en fin cumplía parte de la misión pedagógica, interrelación alumno comunidad.

Diego Sifontes Sosa, tuvo mucha amistad con su discípulo Lorenzo Sánchez de 14 años de edad, a quien se lo llevaba a Maturín frecuentemente, permitiendo contacto del joven y personas e instituciones que el Maestro  visitaba.

Lorenzo Sánchez iba junto al maestro a Maturín, específicamente al Banco Venezuela, ubicado en el edificio Molino a cobrar la quincena depositada por el Ministerio de Educación. En esas visitas el pagador hizo confianza con el joven ya que, los clientes de la institución eran escasas y fácil para interactuar cliente cajero, en varias oportunidades el muchacho le hacía efectiva la remuneración a Diego Sifontes, que era de 150 bolívares, pagaderas en monedas de oro y plata. Las de oro valían 25 bolívares,  las de plata eran  Bolívar de cien céntimos y fuertes de cinco bolívares.

Refiere Lorenzo Sánchez que el Maestro Diego, tenía una victrola en su casa y las personas pasaban por el frente se detenían o simplemente él los invitaba a escuchar música, pasodobles y joropo. Esto nos indica lo atento y metódico del maestro, por cuanto no consumía alcohol ni era parrandero, ganándose  el cariño y aprecio del colectivo de  La Cruz de La Paloma.

SILVESTRA ESPOSA DE DIEGO SIFONTES

En el año escolar  2001 – 2002, el Profesor Isnardo Ramírez, hizo referencia de  la necesidad  que tiene la institución de exhibir  un cuadro al óleo de Don Diego Sifontes Sosa. De aquí nació el interés en hurgar sobre este epónimo de la Unidad Educativa donde elaboramos como docentes en la etapa diversificada con alumnos de 4° y 5° año de bachillerato.

En el 2002 visité en la calle Comunal de La Cruz, a la Señora Silvestra Sánchez de 83 años de edad, equilibrada, tranquila, rostro de nobleza y un sentido instintivo de confianza y cooperación al nombrarle a su esposo, Diego Sifontes Sosa, en muchos casos, a lo largo de la entrevista le erizó los vellos, cuando recordaba el deber cumplido de este pedagogo a carta cabal, que dio el todo por sus alumnos en la Parroquia Santa Cruz.

Silvestra Sánchez tenía 14 años cuando se unió a Diego, y todo ocurrió muy hermoso y rápido, observa, salimos de paseo para Tonoro con la Señora Lucía Sosa de Sifontes, en ese viaje iba Diego, esbelto, simpático, ojos profundos, firme al hablar y respetado por la comunidad, a partir de allí, me enamoré de él por sus cualidades de hombre respetable y educado. A los cinco días regresan de Tonoro, poblado ubicado al Oeste del estado Monagas. Luego la mamá de Silvestra, señora Inés Sánchez habla de Diego y acuerdan la relación matrimonial que empezó a asumir desde ese momento.

Cuando salían para fiesta de invitación especial, fuera de La Cruz, Diego era tímido porque no sabía bailar, pero tampoco dejaba a la Señora Silvestra hacerlo con nadie, era muy celoso, de tal manera que ella se adaptaba a las costumbres de su esposo, entendiendo que la cuidaba porque la amaba mucho. Diego era un hombre bastante preocupado por la juventud de La Cruz, —recuerda Silvestra— que uno de sus hermanos él le brindó todas las herramientas posible para que fuera profesional de la educación, y a Alejandro Pereira, también evocó las profundas orientaciones de mi esposo, o sea es un tronco de hombre, porque siguió los lineamientos correcto de educación, cultura y moral.

A Silvestra se le erizaba la piel, en la medida que nos recuerda lo bondadoso y dedicado  que era el Maestro Diego, para con sus alumnos que vivían en el caserío, trabajando día y noche para que fuesen alguien en la vida. Lamentablemente, asevera, Diego no tuvo hijos.  Era un hombre muy buscado en la comunidad, porque no le decía a nadie “no”, era multidisciplinario ya que, orientaba a sus conciudadanos de cualquier problema que le ocurriese, desde problema matrimonial, pedagógico y judicial.

La Señora Silvestre Sánchez, adora mucho la memoria del Doctor Jacinto Ramírez eminente abogado y poeta, porque era amigo personal de Diego, y de cualidades excelentes, no discutía con nadie y respetaba las ideas a sus interlocutores. Silvestra tuvo una sobrina criada llamada Betty Mercedes Sánchez, era la adoración de Diego, estudió en Trinidad, hoy graduada y casada, con residencia en Margarita, Estado Nueva Esparta.

Posteriormente Diego Sifontes Sosa, renuncia a su cargo de preceptor de la Cruz de La Paloma y se residencia en Punta de Mata con Silvestra, porque había conseguido trabajo en la compañía petrolera. Laboró aproximadamente diez años, regresa a Maturín, residenciándose en la calle Bomboná. Un día sale para la Cruz a llevar a Betty Mercedes en su carro, y aproximadamente en el sector de la plaza Piar, le dio un infarto, al ser trasladado al hospital ya estaba muerto.

Diego Sifontes Sosa, nace en Maturín en 1900 y muere el 1° de abril de 1958, su viuda murió en el 2007, en la calle Comunal de la Parroquia Santa Cruz, no dejó descendientes.

Maestro Diego Sifontes Sosa, Herencia pedagógica

Con esta investigación, pretendemos poner de manifiesto el interés que tuvo el Maestro Diego Sifontes Sosa, en los jóvenes de aquel insipiente caserío de la “Cruz de la Paloma”, donde las coleadas de toros, riñas de gallos, y los juegos tradicionales eran la principal distracción colectiva los fines de semana. Hoy a más de cien años de las andanzas de éste pedagogo vinculado a la justa causa social de la gente, queremos exaltar la preocupación que asumió por el futuro de los muchachos que no sabían leer ni escribir, para que lograran su instrucción académica propiamente dicha.

Revelar el acervo cultural de un hombre que le apasionaba los valores e incentivos educativos, es más que elocuente la reflexión pedagógica, que hoy expresan su esposa y coterráneos, al recordar el ímpetu de esa energía que imprimía Don Diego, cuando se trataba de enseñar a jóvenes exhaustos de ese mundo social que imperaba a mitad del siglo XX, basando sus ideas en crear nuevas esperanzas de luz a la existencia humana del sitio la Cruz.

La herencia que deja Diego Sifontes Sosa, se exalta en la Unidad Educativa que lleva su nombre a petición de la Junta  de Desarrollo Comunal de la localidad, para bien de la juventud estudiosa  que han recibido nuevas concepciones de vida en las aulas de este centro educativo con 27 años (2004) de existencia  en la hoy parroquia Santa Cruz.

Dentro de este contexto se inserta, la visión sosegada del epónimo del liceo de la Parroquia La Cruz, quien delineó con precisión sus cualidades de docente en tiempos no muy fáciles para el ejercicio pedagógico de la época. La edificación que lleva su nombre fue fundada el primero de octubre de 1.977, con el propósito de ser centro de formación a las nuevas generaciones de jóvenes, que se iban formando dentro del conglomerado monaguense, y que de una u otra forma necesitaban, estar a la par del conocimiento universal como es la educación.

UNIDAD EDUCATIVA DIEGO SIFONTES SOSA

La Cruz de La Paloma por su cercanía a Maturín, ha tenido acelerado desarrollo demográfico, de ahí la prioridad del gobierno de construir varios centros de servicios públicos en pro de la comunidad, entre ellos, el Hospital Tipo I “Simón Bolívar”, dos escuelas básicas, y la Unidad Educativa Diego Sifontes Sosa.

Esto nos indica el rápido crecimiento de la población en La Cruz, y por ende la matrícula estudiantil se elevó, por esto el clamor de sus habitantes en la construcción del centro educativo, para facilitar el traslado de los jóvenes que necesitaban estudiar en el sector. La Unidad Educativa empezó a funcionar el 1° de octubre de 1977 con el nombre Ciclo Combinado “Creación I la Cruz”, en la sede de la Escuela Básica “Cástor Guevara” ubicado en la calle El Módulo, cediendo unas aulas hasta tanto la sede fuera terminada.

La matrícula inicial de 208 alumnos, distribuidos en seis (6) secciones de 1° y 2° año. Posteriormente el 12 de febrero de 1978, fue inaugurada la edificación educativa en la calle El retiro S/N de la Cruz de La Paloma por el Gobernador del  Estado Ing. Manuel García Barreto.

La Dirección del plantel fue gerenciada por la Subdirectora encargada Profesora Águeda Margarita Gómez de Méndez, hasta el mes de noviembre de 1986; y La Prof. María Floreskul de Rojas Tiempo Completo, encargada de la Seccional y del Departamento de Evaluación, hasta 1981. Los docentes para el tiempo de la fundación fueron los siguientes Profesores: Andrés Arreaza, Luisa Laurens, Xiomara de Moya, Maritza Alicandú, Luisa Iracema Rausseo, Lidia Salomé Miranda de Lanz, Luis Landaeta, Vicente Rivas, Nancy Ramos de Álvarez, Iraida de Granado, Ana Margarita Ascanio, Armando Urbano, Alirio Osorio, y Rosina Agorrea; personal administrativo Sra. Raquel Vargas y Bertha Guzmán.

Cuenta la Prof. María Floreskul, que el liceo quedaba aislado de las viviendas del sector, o sea, era monte y culebra lo que había alrededor, actualmente quedó en el casco de la Parroquia. El liceo vino a llenar las expectativas de los jóvenes, quienes vieron en este centro de aprendizaje integral, mecanismos dimensionados de alcance académico, en post de encontrar desarrollo humano girando en torno a su realidad socio-económica.

El 4 de enero de 1978 la Junta de Desarrollo Comunal de La Cruz de la Paloma, se dirige al Prof. José Andarcia Bellorín, Director Regional de la Zona Educativa del Estado Monagas, solicitando en nombre de la comunidad, asignar el liceo con el nombre de Diego Sifontes Sosa, quien fuera fundador de la educación en este sector y preocupado por sus alumnos, refiere la misiva, que hoy son hombres y mujeres que habitan esta comunidad. Por la Junta firman: Lino Vásquez Vicepresidente, Fernando Córdova Secretario, Amanda de Bastardo 1er Vocal, y Henry Martínez 2do Vocal.

En atención a esta comunicación, el Ministerio de Educación emitió la resolución fechada el 09 de octubre de 1987, para que el liceo se llamase Unidad Educativa “Diego Sifontes Sosa”.

Esta fecha marcó el inicio de un nuevo proceso organizacional, por exaltar el epónimo, como ejemplo a las generaciones de jóvenes que han pasado y que estudian actualmente en este centro educativo. El 1° de Octubre del año 2004, la Unidad Educativa Diego Sifontes Sosa, arribó a sus 27 años de existencia, marcando pautas conceptuales en pro de los jóvenes, que ha encontrado actitudes y procedimientos positivos en áreas académicas,  donde juega  papel importante el interés de los alumnos, para procesar los contenidos implementados en el liceo.

De los diseños vocacionales emanados del Ministerio de Educación, las autoridades de la Unidad Educativa, siempre buscan integrar a estudiantes en los conceptos pedagógicos, de acuerdo a lineamientos científicos que defina su vocación universitaria después de aprobar su bachillerato.

Actualmente (2004)cuenta con una matrícula de 1.081 alumnos, la Dirección la dirige la Prof. María Floreskul en condición de encargada, la subdirectora Prof. Luisa Iracema Rausseo, 9 Jefes de departamentos, una orientadora Prof. Isis Valdez, 42 profesores por horas, un TSU en informática, 9 secretarias, una bibliotecaria y 9 obreros. Se han celebrado XXIII promociones en ciencias, y XXI promoción en humanidades.

Durante estos 27 años son muchos los egresados, que hoy forman parte del conglomerado de profesionales constructores de la nueva Venezuela, interrelacionados en múltiples y variados ámbitos de conocimientos logrados en la pasantía por el bachillerato.

HIMNO DE LA UNIDAD EDUCATIVA

“DIEGO SIFOSTES SOSA”

Música y letras

Prof. Wilfredo Rodríguez

I  ESTROFA

Al insigne  Maestro Sifontes

nombre ilustre de la institución

que destaca el pináculo del monte

en los edenes de la educación

 

II  ESTROFA

De los jóvenes sin par forjador

que en La Cruz iniciara el camino

con un pueblo en preclaro destino

luchando con especial fulgor

CORO

Estudiar, estudiar en el recinto

De este eje de esfuerzo y valor

Con encendida ilustración

Por el amor, la justicia y la paz

 

La Santa Cruz, 04 de mayo 2004

BIBLIOGRAFÍA

  1. Programa para el Mejoramiento de la educación en el estado Monagas. Universidad Pedagógica Experimental libertador, Gobernación del Estado Monagas. Páginas 8 – 11. Litovenca 1994
  2. Cuadernos para la Reforma Educativa Venezolana. Los Proyectos Pedagógicos de Aula. Edición Alauda.
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