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Sep 05

En San Antonio, el Cerro Los Caballos un lugar histórico

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Marinés, María Emperatríz, María,Yulimar, Maira, Yohana,Lurdines

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Escrito por Edgar Rondón, el sábado, 30 de marzo de 1994

Gracias a la colaboración de Luis Maximiano Torres, quien nos brindó el material de apoyo con investigación de campo y recuerdos de su época, es posible el presente trabajo, en el cual se atestiguan con hechos históricos, vivencias y anécdotas, fundamentados en las profundas raíces del saber popular local.

La comunidad agrícola “Los Caballos”  sus primeros habitantes nacido en el siglo XIX tenemos; el señor Marquiarena, al español que llamaban Kín, esposo de Juana Coraspe, Jesús Hidrogo con Mamerta, Telésforo Rodríguez- Genoveva Mota, Hilario Mayo-Eustaquia Mota, el renco Cerda, Alfredo Fariña, Sotero Pinto, Crudencio Romero, Tirza Romero, este sector lo circunda centenares de haciendas de café, bananos y hortalizas, además de estar vinculado a la producción de gran variedad de productos de consumo masivo, entre ellos el tomate. En época de escasez de este fruto, la comunidad de Los Caballos, debido a lo apropiado de sus tierras, se convierte en uno de los centros de mayor productividad que suple principalmente el mercado de Maturín.

ORIGEN DEL NOMBRE

El caserío, nacido bajo la inspiración del cerro Los Caballos, ha venido forjándose a lo largo del tiempo, precisamente por haber sido un “camino real”, lugar de circulación de arreos de animales de carga y de paso de caballerizas, conducidas por patriotas independentistas y tropas realistas, que tomaban las lomas de los cerros para llegar a centros poblados como Maturín, Areo, Urica, Barcelona y Cumaná en los estados Monagas y Anzoátegui.

De allí las remembranzas históricas y leyendas que se suman copiosamente a los poblados de la Venezuela tierra adentro. Hoy se reafirma lo que podríamos llamar el rumbo de esta comunidad agrícola enclavada en la cima de las montañas del macizo oriental y su afán de no dar marcha atrás en cuanto al reto del futuro. En tal sentido es grato describir un poco las anécdotas, expresadas bajo la fundamental orientación de su gente, en los más íntimos sentimientos de las vivencias.

Es importante señalar que la información básica acerca del nombre se fundamenta en testigos que, dan cuenta de un grupo de caballos encontrados realengos en toda la cima del caserío. A pesar de no haber fuente bibliográfica primaria sobre el nombre original, sin embargo se puede presumir, que los caballos encontrados en el mencionado caserío, provenían de movimientos revolucionarios en la época independentista venezolana, dejados sin sillas para facilitar el acceso por las trochas montañosas y caminos reales. No olvidemos que el sitio Areo está equidistante entre Maturín, Barcelona y Cumaná y por ende era el paso de referencia para estas importantes ciudades.

En este aspecto es bastante aceptable presumir que los animales eran de patriotas combatientes por la causa de la soberanía patria, por lo cercano del caserío Los Caballos de los sitios de Areo y Urica. No olvidemos los años de 1813 y 1814, se efectuaron episodios de guerras muy fuertes, entre los ejércitos republicanos y españoles, haciéndose referencia especial al acontecimiento de la batalla de Urica, efectuada el 5 de diciembre de 1814, donde muera el sanguinario Boves, ubicada en esa misma geografía oriental. Allí se desplazaron más de 6000 caballos para esta guerra.

Precisamente en esa fecha se presenta el suceso central en el cerro Los caballos, cuando pasó el temible Boves, plegado a la causa realista española rumbo a Urica con su caballería, dejando parte de las bestias extenuadas por el cansancio en ese cerro que, por esa causa, tomó el nombre con el que se le ha ido conociendo de generación en generación.

Los fundadores del poblado dan cuenta de que, en efecto, por allí pasó Boves cargado de provisiones de guerra, armas y pertrechos y dan fe de que el caudillo había dejado allí, una buena parte de la caballería de sus tropas al dirigirse a las serranías, que se integran a lo que hoy en día es el Estado Anzoátegui.

Las cruzadas que realizaban los comandantes, tanto patriotas como realistas por los “caminos reales”, atravesaban ambientes planos y montañosos, en los que muchas veces encontraban barriales y pedregales que imposibilitaban la comunicación de un pueblo a otro. La única vía que intercomunicaba Cumaná, San Antonio de Capayacuar, San Félix de Cantalicio, Caicara, Mundo Nuevo y Urica, era precisamente ese sitio llamado actualmente “Los Caballos”, según testimonio investigado en la década de 1960 por el Hijo Ilustre del sector, Don Maximiano Torres.

El camino real comunicaba Cumaná y Maturín. Con el tiempo la vía dio lugar al caserío Los Caballos, después de fundado el pueblo de San Antonio de Capayacuar. Se cuenta que muchas de las personas que por allí solían pasar con sus arreos de burros, decidieron asentarse en la zona y construyeron las primeras casas de bahareque y techos de paja o de carrizo.

En esta región montañosa abundan los animales fieros, principalmente el tigre, por lo tanto los habitantes tomaban las precauciones del caso, construyendo los dormitorios a manera de “soberao”, cosa que consistía en colocar varias varas de majagua a una altura prudencial en el interior de la vivienda.

Una vez formado el caserío “Los Caballos”, los habitantes se dedicaron al cultivo, según ya hemos dicho, de café, bananas, hortalizas y verduras, actividad económica, por cierto, en la que los pobladores se han mantenido aún actualmente, representando un buen porcentaje del ingreso total de la región.

Relata Luis Maximiano Torres, que los maridos de las mujeres en estado de gravidez, un mes antes del parto, les preparaban un colchón con venas de hojas secas de cambur, para que les sirviera de soporte encima del soberao. Los familiares cercanos a la parturienta hacían los contactos previos con las parteras. Entre estas había algunas ampliamente conocidas a principios de siglo XX, como Luisa Torres y Tirza Romero; sin embargo, en aquellos casos en los que se presentaba alguna dificultad al momento del parto, se solicitaban los servicios de la partera de mayor experiencia en la zona, como Carmelita Romero. Desde el momento del parto permanecía un mes sin salir del cuerto en una tarima de vara a 60 centímetros de alto que le servía de cama y el corchón, un petate echo con vena de hoja de cambur; allí duraba un mes comiendo cancocho de gallina criolla todos los días, al mes se pulgaba, se bañaba y hacer sus trabajos domésticos cotidianos.

Todos estos relatos tienen su origen en el siglo pasado, porque precisamente el caserío fue fundado por forasteros que se quedaban viviendo allí, dada la difícil comunicación a través del camino real. Hay que destacar que toda la comarca delimitada por el curso de dicho camino real, está formada por caseríos parecidos al de “Los Caballos” y que hoy por hoy hacen también historia unidas a las anécdotas, costumbres y tradiciones que enriquecen nuestro acervo cultural. Todos ellos son asientos de famosas historietas de espantos, de morocotas enterradas por los guerreros de la independencia. Estos hombres encontrándose imposibilitados de avanzar por las estrechas márgenes de las trincadas montañas azotadas por lluvias torrenciales, barro y peligros incesantes, enterraban el dinero y dejaban las mulas cargadas en algún sitio seguro.

Los Caballos es hoy una comunidad agrícola que cuenta con escuela, dispensario médico, carreteras asfaltadas y casas de bloque que lo caracterizan como cualquier caserío que se resiste a morir

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