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Sep 14

Juana Ramírez La Avanzadora

Del fogón a la trinchera de la inmortalidad

Escrito por Edgar Rondón
Coordinador de Acervo Histórico del
Municipio Maturín y
Cronista Parroquia Alto de los Godos

El amanecer del sábado 15 de mayo de 1813, en pleno siglo XIX, el sitio Maturín perteneciente a la Provincia de Cumaná, está muy sonado, noticias llegan y noticias van sobre la aproximación a las tierras del Guarapiche del ejército realista encabezado por la máxima autoridad española, Capitán General de Venezuela Domingo de Monteverde.

En una casa humilde de la calle la Ceiba, hoy avenida Bicentenario del centro de Maturín, confortable de varias habitaciones, techo de carata, paredes de bahareque, piso de tierra y un gran patio con hermosas plantas de rosas, flor de mirto y adornos naturales que hacen esplendoroso el hogar, fecundo horizonte de brillante escenario que dan frescura a este refulgente espacio de amor patrio.

Juana Ramírez la Avanzadora

Juana Ramírez la Avanzadora


La cocina se encuentra a pocos metros de la vivienda, construida también de carata con un pequeño mesón de tierra donde funciona el fogón de tres topias, que le da calor al sabor del café mañanero y las sabrosas comidas de Guadalupe la mamá de Juana, residenciadas allí, de sus llegadas de las montañas de Chaguaramal al Norte del estado Monagas. Esa mañana el desayuno es plátano frito con manteca de cochino que tienen almacenado en garrafas forradas de moriche de las matanzas de los cerdos, igualmente se encuentra en el plato huevos fritos y la inseparable arepa asada de maíz pelado en pilón, después de sancocharlo y triturado en una pequeña piedra. Barriga llena corazón contento, rumbo al conuco a limpiar, sembrar y cosechar el arduo trabajo de meses con la misma e incesante rutina agrícola.

La joven Juana esbelta e inteligente, siente escalofrío en todo su cuerpo por las afirmaciones hechas el día anterior por el Teniente Coronel Felipe Carrasquel; a pesar de su juventud se increpa de rabia y decide visitar al afamado oficial del Ejército Republicano; en el camino, su mente se iba tejiendo de interrogantes, se hacía preguntas de las expresiones de su papá Andrés Rojas del sonar del 19 de abril de 1810. La mulata y gallarda mujer se hace acompañar de la afro descendiente Marta Cumbale, se detienen a pocos metros del militar.

-Dígame Comandante, en qué podemos ayudarlos si llegan los godos realistas a Maturín.
-Déjame preguntarle al General Manuel Piar o al General Azcúe.

La respuesta no se hizo esperar, el Comandante Francisco Carrasquel le da las instrucciones y las invita a las prácticas para el uso de cañones tipo culubrina y calibre 24. Las jóvenes regresan al poblado e inician los contactos pertinentes con las mujeres del pueblo expresándoles alarmas y angustia, por lo que iba acontecer en Maturín.

-Miren no podemos quedarnos con los brazos cruzados, ante la proximidad de los realista, que vienen a matarnos para seguir sometiéndonos a sus caprichos.

El grito del grupo de mujeres que se enteraron como el correr del fuego, fue afirmativo, al final de la tarde del sábado 15 de mayo de 1813, el grupo de fémina rebasaba el centenar. Respondiéndoles a Juana Ramírez y marta Cumbale, sus deseos de apoyar al Ejército, en los que ellas tuviesen a su alcance.

-Las acompañamos hasta la muerte, solo esperaremos la respuesta del Comandante Carrasquel.

Hablaban con tono de perseverancia y amor patrio.
-Perfecto amigas
Les responden Juana Ramírez y Marta Cumbale.

Eran un centenar de ellas que iban por su propia cuenta, entre otras tareas servir de apoyo al Ejército Republicano, Curar heridos, y tareas menores, pero las circunstancias al furor de la guerra las llevaron, no solo a disparar cañones sino también a accionar todo tipo de armas en contra de los realistas godos que querían apoderarse del sitio Maturín, poblado estratégico entre Cumaná y Guayana. Es allí en ese escenario donde las mujeres liderizadas por las Mulatas Juan Ramírez y Marta Cumbale, se atrincheraron bajo una misma causa, la libertad suprema de su pueblo. Juan Ramírez las arengaba con expresiones que había aprendido de su padre Andrés Rojas, arriscado hombre que llegó en 1818 a ser Jefe del Ejército Republicano y Gobernador del sitio Maturín.

Las mujeres llenaron de gloria el firmamento del estado Monagas, siempre bajo el liderazgo de la excelsa mulata que sintió los rigores del imperialismo español desde muy joven, por ser precisamente hija de una esclava, que orgullosamente se integró a los soldados alistados, reclutas, oficiales, civiles e indígenas, al mando de los insignes Generales en Jefe Manuel Piar y José Francisco Bermúdez en la Tercera y Cuarta Batalla de Maturín del martes, 25 de mayo 1813 y el lunes, 12 de septiembre 1814; empuñaron sus armas nacionales y sus conciencias libertarias para hacerse sentir no solo con apoyo moral, sino también ser partícipes de jornadas donde fluyen arengas de recia voz ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! resueltas a quedarse reducidas a cenizas, antes que dejarse quitar las glorias de sus triunfos, y honrar la memoria de esta gesta Emancipadora, que reafirma el eslogan del escudo regional Resistió con Valor.

Gran responsabilidad tenía en sus hombros el Teniente Coronel Felipe Carrasquel, al instruir en diez días antes de la batalla al grupo de damas humildes del pueblo sin experiencia en uso de armas, pero en ellas la moral exaltaba su condición de novatas. Las trincheras que les habían proporcionados les daban ánimo y brío, para anunciar el preludio del exterminio de los invasores extranjeros, y proclamar por la fuerza de la dignidad la autodeterminación de los pueblos, su libertad.

El camino de Juana Ramírez la Avanzadora al Panteón Nacional, reivindica a las mujeres humildes y afro descendientes del pueblo de Venezuela, y reafirma el primer grito revolucionario en el estado Monagas, dado precisamente por la Cacica del Guácharo en 1610, en contra de los invasores españoles, donde su coraje vernáculo y guerrera, se encarna en Juana Ramírez la Avanzadora y su batería de Mujeres.

Después de los convulsionados años de 1813 y 14, Juana Ramírez la Avanzadora y su familia, se residenciaron en los bajos del caserío Guacharacas al Oeste de Maturín. Allí vivió por mucho tiempo, e incluso dejó descendencia que la historiografía no ha logrado conocer, precisamente por la sumisión en que tenían a las mujeres en nuestro pasado histórico. Murió en 1856 a los 66 años de edad, y está enterrada en el cementerio de San Vicente, antiguo necrópolis de Guacharacas.

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