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Sep 16

QUINTA BATALLA DE MATURÍN

11 de diciembre 1814

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Maturín Resistió con valor... se levantó como el Ave Fénix, 
después de ser incendiada por los realistas españoles

             El 5 de diciembre el Ejército Patriota se enfrenta a los realistas en la población de Urica, donde muere el sanguinario Boves, pero el ejército revolucionario queda destrozado; ventaja que aprovecha Francisco Morales, cinco días después para romper las barreras de Maturín y acabar con la resistencia de la ciudad del Guarapiche.

 José Francisco Bermúdez y José Félix Ribas, después de la desastrosa experiencia militar de Urica, regresan con los oficiales a su mando a Maturín con un ejército mermado, sin pertrechos y hambriento. Allí en su aposento territorial se disponen a reorganizar la caballería y curar a los soldados republicanos heridos y cansados de esa jornada donde murió el jefe realista José Tomás Boves, quedando de segundo al mando Francisco Morales, que gritaba en el campo de batalla, ¡nos vemos allá en Maturín! Jactancia que proclamaba porque había ganado la guerra, y su ansia de venganza seguía sin miramientos, para cobrar la muerte de su jefe.

 Allí en la refriega de Urica, muere uno de los preclaros hombres revolucionarios e intelectuales de Venezuela, Miguel José Sanz, donde sus preciosos trabajos literarios quedaron en manos del realista Francisco Morales, en cuyas piezas estaban escrita parte de la historia de Venezuela, todas ellas fueron destruidas para que no quedaran rastros del Secretario del Congreso parlamentario que redactó el Acta de nuestra independencia el 5 de julio de 1811.

 Después de la batalla en Urica, dicen todos los autores consultados del siglo XIX; Rafael María Baralt, Ramón Díaz; Eduardo Blanco, con su famoso libro Venezuela Heroica; Francisco Javier Yanes y otros, que Francisco Morales se hizo nombrar por un Consejo de Oficiales, reunidos de emergencia, como el sucesor de José Tomás Boves, y por ende el máximo representante de los realistas en lo político y militar en estos espacios orientales, llevándolo a insistir su regreso a Maturín para vengar la muerte del sanguinario Boves, aprovechando que las fuerzas patriotas había perdido muchos soldados y se encontraban en muy malas condiciones.

 Llegando a Maturín el 10 de diciembre de 1814. Los republicanos revolucionarios dirigidos por José Francisco Bermúdez y José Félix Ribas, contaban con un reducido ejército de 500 hombres e igual número de caballos; hicieron todo lo posible de protegerse dentro de la propia ciudad con los terraplenes o zanjas que las baterías de mujeres en años anteriores ocuparon en defensa de Maturín, además contaban con las partes geográficas que lo beneficiaban como era el río Guarapiche al Norte del sitio de Maturín, y al Sur el caño hoy conocido como Orinoco.

 El realista godo, Brigadier Francisco Morales, ataca el diez (10) de diciembre por la noche a Maturín, al mando de 1500 jinetes por el sito denominado el Hervedero al Este de la ciudad, en lo que hoy comprende las Brisas del Aeropuerto donde se encuentran los barrios Las Acacias, Mereyal, El Parquecito, 1° de Mayo, Chacao, Chacaíto, Pueblo Nuevo, Campo Alegre, La Constituyente entre otros sectores. Aprovechándose de la oscuridad, el poderío del ejército español y las inmensas sabanas hasta el corazón de la ciudad, que para la época llagaban hacia la plaza Piar, sus alrededores y la actual avenida Juncal.

Nos relata Rafael María Baralt y Ramón Díaz, que: El primero que hizo frente fue el escuadrón de Manuel Cedeño con 300 hombres, además contaban con tres terraplenes y dos baterías para rechazar los ataques de las tropas del rey de España, la protección natural del río Guarapiche al Norte, y al Sur terrenos pantanosos, en lo que es hoy el caño Orinoco, singular refugio de protección; sin esperar el avance realista por el Este, lo cual ocurrió, y tan inesperado acto causó el natural desespero de los jefes patriotas José Francisco Bermúdez y José Félix Ribas debido al inminente ataque enemigo, porque en toda operación militar el despliegue de las tropas siempre es fuera de la ciudad, para proteger a la población civil y ubicarse en sitios estratégicos, como en el caso de la Tercera y Cuarta batallas que se dieron en la planicie de los Guaros y el Alto del Otero, o de los Godos, donde usaron el caño como barrera y las alturas del terreno para desconcertar la caballería contraria con ataque sorpresa; ahora no ocurrió así, por lo débil de la tropa republicana y los pocos pertrechos que poseía, principalmente de cañones de largo alcance, además de no contar con refuerzos indígenas para el uso de las flechas envenenadas que cubrían una trayectoria de mediano alcance; que a pesar de su superioridad le causaron considerables pérdidas a los realistas.

A la siete de la mañana del 11 de diciembre de 1814, las tropas realistas a la cabeza de Francisco Morales, acometen sin piedad a la ciudad. Los patriotas republicanos se escudan en las zanjas y terraplenes de las baterías, conocidas como “blocós” pero sus pocos pertrechos y municiones se agotan, y resisten hasta el cansancio, “los enemigos asaltan a la ciudad, por sobre los cadáveres de sus heroicos defensores”, sostiene Eduardo Blanco. “Inmensos gritos de terror llena los ámbitos de la vencida Maturín: poseída de espanto, la numerosa emigración refugiada en su seno huye despavorida por los callejones y las plazoletas, implorando socorro; sin saber a dónde dirigirse,discurre desatenta a la ventura, tropezando a cada paso con la muerte”. Pág. 210

Fueron muchos los esfuerzos heroicos de nuestros patriotas insurgentes, para defenderse de esos monstruos segados de venganza. José Félix Ribas y José Francisco Bermúdez, sintieron la furia de su impotencia contra bandidos que ejercían el poder a través del mandato de un rey, que tenía a Venezuela como una gobernación, a miles de kilómetros de sus dominios. Eduardo Blanco, asevera que: Rotos, envueltos, acuchillados por la espalda y fusilados por los flancos, sin que baste su decidido empeño a detener y rechazar el huracán de fuego que invade a Maturín, la onda enemiga los abate, pasa sobre ellos como ola de sangre, y con el degüello de millares de víctimas sellaFrancisco Morales su victoria, y vengalossoldados muertos que pierde en la jornada. Las escenas finales de este espantoso drama, no pueden narrarse. Cuánta sangre inocente derramada por el crimen ¡Cuántos dolores! ¡Cuántas lágrimas! El hierro y el incendio se alían para destruir a los vencidos. Ni edad ni sexo respetan las hordas triunfadoras en su insaciable sed de sangre y de venganza. Pág. 210

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