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Abr 22

Hasta Siempre Poeta Luis Maximiano Torres

 

Hoy 22 de Abril 2013, tenemos el Solemne y obligado compromiso de despedir los restos mortales del poeta de Capayacuar, quien con su canto, poesía y corridos expresaba lo grande de su amor por las letras y sus entrañables recuerdos del terruño que lo vio nacer en las lomas del Turimiquire. Allá en el cerro Los Caballos y después en Maturín, insigne y portentoso caballero que en la sucesión de su vejez abrazó la religión cristiana, para estar muy cerca de Cristo el Redentor; quedan sus recuerdos llenos de optimismo y pletórica esperanza de padre, esposo y trabajador por la causa de sus hijos e hijas, que hoy lo acompañan en su última morada.

playa 148Poeta Luis Maximiano, escribiendo en su vivienda

Poeta Luis Maximiano, escribiendo en su vivienda

playa 150Sus hijos Alexis y Goyo, reciben las palabras homenaje al poeta de Capayacuar.

Sus hijos Alexis y Goyo, reciben las palabras homenaje al poeta de Capayacuar.

Luis Maximiano Torres, nació el 13 de febrero de 1.931 en el caserío Los Caballos, perteneciente al Municipio Acosta del estado Monagas, contrae nupcias con María Josefa Córdova de Torres de cuya unión tienen ocho hijos, todos casados, que le han proporcionado racimos de nietos al poeta del Valle de Capayacuar como suelen decirle los amigos y conocidos de este hombre improvisador de versos, cantos y folklore, que lo hace grande dentro del mundo cultural regional.

Su actividad cultural la ha llevado a todo el estado Monagas, con el propósito de dejar huellas intangibles en la juventud de Venezuela, por su acción de escritor y compositor de versos

Como lo decía el poeta Andrés Eloy Blanco, en su Barca del Pasado:

Y ahora, vuelvo los ojos
Hacia la síntesis del canto,
Hacia la Barca del pretérito,
De parda vela y el bauprés sangrado,
Tu propia barca, donde tú venías,
Piloto de ti mismo, timonel de tu barco,
Donde venía la patria recién nacida,
Como Moisés entre sus mimbres,
por donde quiso Dios llevarlo.

Así fue el poeta Luis Maximiano Torres, versado intelectual, formado en la universidad de la vida, donde la soledad de la muerte lo acompañará Cristo Redentor, hijo del Padre hecho hombre en la tierra. Porque para los poetas no hay soledad ni silencio, por eso estamos seguros que esta aplicación es totalmente cierta, porque su muerte que profundamente lamentamos, es el paso a la vida de la felicidad en Cristo Jesús, pero desde el punto de vista humano, es un privilegio llegar a más de 80 años de edad escribiendo, y finalmente en los últimos días seguía componiendo versos para Cristo y su Iglesia.

Luis Maximiano será recordado, porque su nombre ya se encuentra en muchos escritos y composiciones poéticas, e incansable luchador en el logro de la felicidad personal, en su juventud, adultez y vejez, era de profunda reflexión, porque estaba en todos los acontecimientos de fiestas y eventos folclóricos tradicionales que abrazó desde su adolescencia, en el caserío Los Caballos y luego en Maturín, que nos hacía sentir orgullosos de sus composiciones al legendario pueblo de la capital monaguense. De manera que su muerte no significa un silencio o soledad, simplemente será un sol de recuerdos de familiares y amigos que tuvimos la dicha de conocer, y compartir con el poeta del valle de Capayacuar Luis Maximiano Torres.

Luis Maximiano hoy te despedimos con rosas, flores y oraciones de profunda fe que sembraste a lo largo de tu camino, desde el jardín del caserío Los Caballos tu terruño natal al lado de tu esposa e hijos; y luego en Maturín, seguiste inspirado, llevando canto e ilusión como las aguas de los ríos que refrescan la tierra y finalmente llegan al mar, donde no se pierden simplemente se expanden, y en esto quiero hacer referencia a mis libros, muchos de ellos dedicados al poeta de Capayacuar, y si Dios mediante logro publicar la novela “La Facundera”, se reflejará en ella la narrativa y la inspiración del protagonista y personajes de la obra, porque fue él quien proporcionó los datos de ese inmenso libro que más temprano que tarde saldrá a la opinión pública.

Su vida no se diluirá en el silencio, sino que se extenderá en la conciencia y espíritu de los que lo conocimos, como amigos o familiares que sobrevivimos para seguir el ejemplo de bondad, amistad, sabiduría e inquebrantable fe en la vida cristiana. Su forma de ser, simboliza el temple de acero y su infinito amor a la vida que alzó con su increíble humanidad de hombre servicial y respetuoso.

Como cristiano con profundo amor a Cristo y a su amada Madre la Virgen María, tenemos que resignarnos en las escabrosas y necesario trance de la vida a la muerte, para lo cual los que seguimos los principios religiosos, morir es vivir con Cristo Jesús, compartiendo la vida del más allá, donde la soledad y el silencio es hermoso, porque es un encuentro fraterno y permanente con los que compartimos en la tierra, por lo tanto el partir físicamente, es solo un cerrar de ojos, cuyos recuerdos seguirán con mucha firmeza en nuestros corazones, porque su hoja de conducta seguirá siendo luz y la brújula de lo que hiciste y dejaste en el recuerdo del trance de la vida terrenal.

Hasta siempre poeta, te recordaremos mientras vivamos. Amén

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